Sucedió hace tres años, entre los días 21 y 28 de junio. Todavía se saborean las mieles, sabiendo que aunque pareció un sueño, aquella semana ocurrió realmente. Así se vuelve a recordar por tercera vez y así se seguirá recordando cada año con la llegada del verano.

La venida de la Virgen de la Sierra a Córdoba fue un cúmulo de sensaciones de las que solamente aquellos que lo vivieron pueden dar razón. Ya suena a tópico, pero el cruce por el Puente Romano daba señal de la efervescencia que iba a producir la presencia de la Madre en nuestra parroquia.

Actos de culto multitudinarios: eucaristías, besamanos, alabanza, participación en la Regina Mater, así día tras día durante una semana. La ya conocida devoción a esta advocación de María, se puso de manifiesto cada uno de los días en que pudimos gozar de su presencia entre nosotros. Fueron muchos los favores recibidos, muchas las personas tocadas en el corazón por la hermosa imagen, patrona de los egabrenses.

No es el eco lo que hoy queda sino la marca indeleble que se grabó en tantos cordobeses que no la conocían. Sus devotos, por supuesto, transmitieron sus vivencias; pero Ella fue la que nos ganó.

Una vez más, “Madre Amada de la Sierra, no nos niegues tu favor”.