"Rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo". Celebramos la fiesta de la Pascua, la noche de la verdadera liberación. La resurrección de Cristo es nuestra esperanza, el fundamento de nuestra fe.

También la fiesta de la Pascua está cargada de simbolismo. Cuatro partes componen la Vigilia Pascual: el lucernario y el pregón pascual; la liturgia de la Palabra; la liturgia bautismal; y la liturgia eucarística.

Se bendijo el fuego nuevo en el atrio de la iglesia. De ahí partía la procesión con el cirio pascual, nuevo, hecho de cera de abejas, que evoca que Cristo es la luz del mundo. El pregón pascual es un poema lírico que presenta el misterio pascual en el conjunto de la economía de la salvación.

La liturgia de la Palabra describía los aspectos culminantes de la historia de la salvación con lecturas del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento.

En la tercera parte, tras escuchar la letanía de los santos, se bendecía el agua bautismal y se realizaba la aspersión. Los fieles, con las velas encendidas, pudieron renovar sus promesas bautismales.

El punto culminante de la Vigilia es la liturgia eucarística que nos devuelve en la celebración del sacramento la presencia de Jesucristo.