La Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Perdón ante Anás, María Santísima del Rocío y Lágrimas y San Miguel Arcángel comunica la celebración de solemne triduo y función principal a su Amantísima Titular, María Santísima del Rocío y Lágrimas.

Será los días 16, 17 y 18 de octubre a las 20.30 horas, ocupando la sagrada cátedra el clero parroquial.

El sábado 19 de octubre, a las 13.00 horas, Función Principal a cargo del Ilmo. Sr. D. José Manuel Alcaide Borreguero, vicario parroquial.

La meditación de estos cultos girará en torno al siguiente texto:

MARÍA, TEMPLO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

La Bienaventurada Virgen María concibió virginalmente, del Espíritu Santo, al Verbo de Dios, engendrado desde antes de todos los siglos por Dios Padre, y que sin pérdida de su integridad le dio a luz, conservando indisoluble su virginidad después del parto (Definición Dogmática. Concilio de Letrán).

La relación de María con el Padre tiene que ver con el misterio de la elección de Dios que hizo en María para ser la Madre de su Hijo Unigénito. En nuestra fe, el Hijo de María es el Hijo de Dios y es verdaderamente Dios, sin dejar de ser verdaderamente hombre.

La relación de María con su Hijo es íntima desde la gestación y luego en el parto, con verdadero cariño de madre: “Dio a luz a su Hijo Primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada” (Lc 2, 7). La relación como madre se manifiesta por la preocupación por su hijo que relata el evangelio al encontrarlo en el templo a los doce años: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo, angustiados, te estábamos buscando” (Lc 2, 41-50). Los sucesos de Caná y el de la Madre al pie de la cruz son una prueba más de ello.

San Francisco de Asís ha llamado a María, Esposa del Espíritu Santo. Gracias a que María se entregó por completo a la voluntad del Padre, Dios Padre eligió a la siempre Virgen María desde toda la eternidad como “Madre toda santa y la adornó con dones del Espíritu Santo”.

El relato de la Anunciación nos muestra cómo María es circundada en el misterio de Dios Padre, en especial con humildad para acoger por obra y gracia del Espíritu Santo al Hijo del Padre.

A María la invocamos para que nos enseñe a ser como Ella, templo de la Santísima Trinidad, para que podamos experimentar en nuestras vidas la influencia divina que brota del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.